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December 25, 2007
Jesus de Nazaret: El salvador y liberador Por R. Esteban Montilla, Ph.D.

24 de diciembre de 2007
“Le pondrás por nombre Jesús [Josue] porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21)
Es interesante notar que el ángel que se le presentó a José lo liberó del dilema de tener que buscar un nombre para el bebe que nacería unas cuarenta semanas más tarde. No hubo necesidad de entrar en conflicto con la abuela ni con el resto de familiares. El nombre que el ángel del Señor le proporcionó a José era bastante común, Josue, que en su forma griega es Jesús. Este nombre, Josue, precisamente significa Yahvé Salva. ¿De qué nos salva el Señor?
El autor del libro de Mateo ubica tal acontecimiento en el contexto genealógico de Jesus de Nazaret. A pesar de que no están muy claras las razones por las cuales el autor de este evangelio inicia la obra de esta manera, evidentemente, se quería afirmar que Jesus fue un personaje real e histórico descendiente del linaje del fundador de la fe hebrea, Abraham, así como también del gran unificador y rey, David.
El autor, asumiendo una perspectiva teológica y nemotécnica, divide la genealogía en tres períodos que abarcan unos dos mil años. De manera curiosa y contrario a la tradición literaria, en la narrativa destacan mujeres en cada uno de los tres periodos; Tamar (Génesis 38), Rajab (Josue 2), Rut (Rut 3), Betsabe (2 Samuel 12) y Maria (Mateo 1). Es inspirador el hecho de que el autor incluya en los antepasados de Jesus de Nazaret a mujeres de otros países, a mujeres con un historial conductual cuestionado por la sociedad y a mujeres adolescentes embarazadas. Entonces el mensaje está muy claro: Jesus es un autentico israelita hijo de reyes, pero también, hijo de inmigrantes, hijo de personas marginadas e hijo de una adolescente. Es precisamente este hijo, con su claro mestizaje cultural y étnico, la esperanza para la reconciliación y reivindicación del pueblo de Dios. Así, pues, se puede decir que la salvación viene de los mestizos.
Desde el mismo principio de esta religión los cristianos hemos creído que Jesús de Nazaret, como puente que conecta lo humano con lo divino, es nuestro Salvador. Él nos salva de las creencias tóxicas que nos impiden florecer. Él nos salva de las estructuras sociales que nos oprimen y nos mantienen en la pobreza. Él nos salva de la desesperanza y de la apatía existencial. Él nos salva del pecado cósmico y nos reconcilia con el Creador, el universo y el resto de la creación. Él nos salva de las prisiones emocionales y religiosas que nos mantieneN esclavizados y dominados. ÉEl nos salva de las fuerzas cósmicas del mal generalmente reflejadas en las estructuras de poder político y económico (Romanos 8:37-38). Él nos salva de sistemas religiosos obtusos que entorpecen el desarrollo integral del potencial humano (Romanos 6:11-23). Él nos salva de los temores paralizantes del pasado, del presente y del futuro (1 Corintios 15). De manera que Jesús de Nazaret nos salvó, nos sigue salvando y nos salvará.
Esta salvación (soteria) no es una ideología sino una experiencia esperanzadora, liberadora y transformadora. Esta liberación (eleuteria) es integral incluyendo nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro espíritu, nuestra conducta y nuestras relaciones (Gálatas 5; 2 Corintios 3:17). Esta liberación implica que Dios nos da una vez más la voz y libertad de expresión que nos quitaron los poderosos. Además esta salvación nos empodera y nos reconecta con nosotros mismos y con los demás. Este tipo de poder que Dios despierta en nosotros representa la capacidad para vivir una nueva humanidad donde reine la justicia, la igualdad y la libertad (1 Corintios 4; 2 Corintios 5). Esta redención nos trae un tipo de paz que no implica la ausencia de conflictos y tensiones sino la armonía interna como producto de la continua presencia del Espíritu de Dios (Romanos 5; Hebreos 12). En sí, la salvación que Josue (Jesuus de Nazaret) nos ofrece, también nos libera de la culpa y del poder del pecado, porque, ahora en esta nueva humanidad no necesitamos seguir en rencillas unos con otros sino, más bien, aceptándonos con un espíritu compasivo y prestos para perdonar (Juan 20:23). Esta salvación implica el dejar a un lado la violencia verbal y física que son combustible para las disensiones y las guerras (Colosenses 3). El perdón no implica el ignorar o borrar el daño que la otra persona hizo sino, mas bien, el acto de amor de parte de la persona herida, quien, al perdonar elige renunciar a su derecho de vengarse. Estas son las buenas nuevas de salvación.
Así que compañeros y compañeras en este peregrinaje espiritual celebremos la llegada de Jesús de Nazaret a este mundo, pero, sobre todo, la llegada de Él a tu mundo y a mi mundo. Es mi oración y deseo genuino para este nuevo año que unamos fuerzas a fin de crear una nueva humanidad donde reine la fe, la esperanza y el amor. Una humanidad que de testimonio de la liberación total que Jesus de Nazaret sigue llevando a cabo en nuestras vidas. Una humanidad que sea la expresión del “reino de los cielos” acá en la tierra.
El autor del Evangelio según Mateo enfatiza la frase “reino de los cielos” (basileia ton ouranon) al usarla unas 32 veces en su libro. Este reino, donde el poder es compartido y nunca usado para reprimir u oprimir, se puede comenzar a vivir acá al abrazar un estilo de vida marcado por la misericordia, la compasión y la humildad. “Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al comenzar a hacerlo, se le presentó uno que le debía miles y miles de monedas de oro. Como él no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía, para así saldar la deuda. El siervo se postró delante de él. Tenga paciencia conmigo —le rogó—, y se lo pagaré todo. El señor se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda y lo dejó en libertad. Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. "¡Págame lo que me debes!”, le exigió. Su compañero se postró delante de él. Ten paciencia conmigo —le rogó—, y te lo pagaré. Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido. Entonces el señor mandó llamar al siervo. ¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti? Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano” (Mateo 18:23-35).
El vivir a la altura del “reino de los cielos” no es un imposible cuando vivimos en el mover del Espíritu de Dios. El poder para hacer el bien y ser embajadores del amor divino está entretejido en cada una de nuestras células y genes ya que fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios. Como seres libres, seres interconectados y seres interdependientes podemos alcanzar esta plenitud existencial cuando vivimos en comunidad y aprendemos a crecer desde las diferencias. En este nuevo año usemos todas nuestras energías en unión a la fortalezas celestiales para crear una comunidad donde cada miembro pueda ser auténtico, pueda expresar sus ideas, su unicidad y sus emociones de una manera libre y sin miedo a ser condenado o eliminado. Una comunidad que promueva la libertad y capacidad creativa de cada ser humano que la integre. Una comunidad con compromiso ético y responsabilidad ecológica donde se reconozca que los nexos con los semejantes, la naturaleza, con el cosmos y con el contexto sociocultural implican mutualidad, solidaridad y respeto a la diversidad. ¿De qué nos salva el Señor? ¿De qué te salva el Señor Jesús?
Paz deseándoles una Feliz Navidad y un 2008 pleno,
R. Esteban Montilla
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Esteban Montilla, CPSP Diplomate in CPE Supervision and Pastoral Psychotherapy is pictured in thetraditional Venezuelan’ dress for men.
To read his Christmas Message, Jesus of Nazareth: Savior and Liberator
in English, you can download the file below.
Perry Miller, Editor
Posted by Perry Miller, Editor at December 25, 2007 1:03 PM
